El cambio de época y las falacias de la clase política peruana | MNIP

El cambio de época y las falacias de la clase política peruana

El enfoque sistémico del Movimiento Nacional de Innovación Política – MNIP, que asume un nuevo marco interpretativo de la realidad global como esencia y proceso, define que el mundo como un todo se encuentra actualmente transitando por un momento histórico de crisis general y cambio de época. El sistema capitalista (1750-2050) se autodestruye en todo el planeta y surge otra estructura de producción social.

¿Qué está sucediendo con nuestro mundo?

Los factores básicos de producción social del Capitalismo —el capital financiero y el trabajo asalariado— son sustituidos como protagonistas sistémicos por el capital cognitivo y el trabajo autogestionario, en el contexto de la apropiación (por parte de grandes corporaciones) del conocimiento tecnológico sobre la base de patentes y remuneración por productividad de trabajadores autónomos (freelance, outsourcing, etc.). Igualmente, las viejas fuerzas productivas de la industria son superadas por la computarización de procesos, la robótica y la inteligencia artificial, al mismo tiempo que la mano de obra de operarios dependientes es superada masivamente por la fuerza de trabajo de especialistas y tecnólogos autoprogramados.

En tal sentido, toda organización política o social importante está obligada a contar con un enfoque de validez universal que contemple los grandes cambios y transformaciones mundiales, permita la creación de nueva riqueza y construya espacios de desarrollo desconocidos hasta hoy. El no contar con un enfoque de esta importancia origina que estas organizaciones se sustenten en teorías sociales empobrecidas y promuevan concepciones reduccionistas del desarrollo humano y de su propio desarrollo institucional. Esto último, a su vez, ocasiona que, en la medida que asuman mayores responsabilidades sociales, las decisiones que tomen serán cada vez más perjudiciales para los pueblos que supuestamente representan.

La situación de crisis final del Capitalismo Global y transición poscapitalista que vivimos en todo el planeta (2020-2050) obliga a efectuar cambios radicales en el concepto del desarrollo humano, de tal forma que los movimientos de innovación política y social de un país alcancen a concebir el desarrollo científico-tecnológico de cambio de época como el objetivo general de sus programas de acción.

Sin embargo, este concepto de misión implica las siguientes condiciones fundamentales:

  • Naturalización y aplicabilidad del conocimiento científico mundial a la biodiversidad autóctona y única del Perú como la condición sine qua non de la creación de nueva riqueza nacional.
  • Innovación cultural e interculturalismo como la condición esencial del renacentismo civilizatorio del poscapitalismo.
  • Autogestión social moderna de la PEA como la condición básica de desarrollo de la sociedad microempresarial de masas en el Siglo XXI.
  • Autosuficiencia comunitaria e interconexión cognitiva global de pequeñas localidades urbanas y rurales que se autoabastecen de bienes y servicios básicos (energía, comestibles, conocimientos, tecnología…) como la razón de ser del cambio sistémico.

“Toda organización política o social importante está obligada a contar con un enfoque de validez universal que contemple los grandes cambios y transformaciones mundiales, permita la creación de nueva riqueza y construya espacios de desarrollo desconocidos hasta hoy”.

Al respecto, la realización de las condiciones fundamentales del objetivo general científico-técnico de los movimientos de innovación estratégica se expresaría y mediría según el liderazgo, evolución y transformación de los subsistemas del periodo final globalista (1950-2050) del sistema económico contemporáneo o capitalista:

1. El subsistema económico de mercado global. Que se desarrolla sobre la base de inversiones de capital global y plataformas de exportación, a gestionarse como el subsistema protagónico del crecimiento económico del país, en el marco de los siguientes factores:

  • Conservación y reconstrucción del medioambiente natural en los ámbitos de influencia de las inversiones mineras, agroindustriales, forestales, pesqueras…, bajo asesoramiento y supervisión de organizaciones especializadas de reputación internacional.
  • Desarrollo de la fuerza de trabajo sectorial según términos globales de salario, jornada y operación laboral.
  • Reinversión parcial endógena de la tasa de ganancia conjunta, de inversionistas y el Estado sobre la base de compromisos consecuentes con comunidades locales, traspasando
  • conocimientos científicos y tecnología sin reservas para el crecimiento local y nacional
  • (Drucker, 1996).
  • o Promoción y modernización de cadenas integradas MYPE urbanas y rurales a nivel sectorial
  • y territorial, juntamente con organizaciones especializadas de la sociedad civil.

2. El subsistema económico estatal – paraestatal. Que se desarrollaría sobre la base de inversión estatal y gestión paraestatal inéditas en los ámbitos de la creación de conocimiento científico en biodiversidad, que conforman actualmente, en el marco de la sociedad cognitiva emergente, los verdaderos sectores estratégicos y el verdadero enfoque del desarrollo de una economía nacional de cambio de época, superando las anacrónicas preocupaciones industriales de la clase política. Teniendo en cuenta que este subsistema sería el modelo directriz del desarrollo económico del país.

3. El subsistema socioeconómico autogestionario. Que se extiende en un ambiente reactivo de sobrevivencia, falta de liderazgo socio – económico y subempleo masivo, como consecuencia del atraso sistémico capitalista del Perú1. Teniendo en cuenta que, siendo el subsistema principal de la economía2 , no es posible el desarrollo socioeconómico nacional sin su modernización organizacional por centros direccionales, cadenas integradas MYPE, sectores y regiones.

El enfoque sistémico, el objetivo general y los indicadores de desempeño de MNIP nos permiten develar las falacias que mantienen a la clase política peruana en el inmovilismo ideológico del desarrollo industrialista tardío, propio de los países más subdesarrollados como el Perú y otros países de América Latina y África.

LAS FALACIAS DE LA POLÍTICA PERUANA

1. La falacia dominante de la política peruana. Que es la falacia que más daño hace al país, manifestándose como una lucha antagónica unidimensional3 entre la “izquierda” y la “derecha” de la clase política. La primera, concentrada en la reforma restrictiva de la política tributaria referente a la tasa de ganancia de las inversiones y plataformas de exportación del capital global y, la segunda, empeñada tan solo en la creación de condiciones “competitivas” para el arribo de este capital ligado a los negocios extractivos, mercantiles, agroindustriales y de servicios del país. Eludiendo ambas la necesidad del desarrollo científico-tecnológico paraestatal del país y el desarrollo de la socio-economía autogestionaria MYPE, subsistemas sin los cuales el desarrollo de la sociedad peruana y de los partidos políticos son una quimera. En tal sentido, la “izquierda” y la “derecha” tradicionales solo estarían creando atraso, pobreza, oportunismo y corrupción.

En el país no se practica la Ciencia Política, que tiene como fin el estudio de la realidad global y su transformación. La falta de composición de contenidos de sociología política y el desborde de un empirismo mediocre en el seno de la clase política ocasiona la falta de generación de liderazgos de innovación política y social, que es la antesala del caos, la desesperanza y la violencia generalizada. Sin embargo, es preciso comprender que estos vacíos cognitivos y de liderazgo son provocados también por la parálisis de las Ciencias Sociales en los momentos históricos de crisis general del capitalismo industrial y el surgimiento del capitalismo tecnocrático como sociedad.

Los partidos políticos así, sin teorías sociales ni programas de acción inéditos frente a los cambios civilizatorios, no forman líderes ni ejecutivos sobre la base de conocimientos transcendentes, lo cual ocasiona que las organizaciones del Estado y la sociedad civil no sean conscientes de la realidad y tomen decisiones calamitosas afectando gravemente a millones de personas, sobre todo a las más vulnerables. Es una grave irresponsabilidad que los líderes y ejecutivos de “alta dirección” no estén al tanto de los últimos avances del conocimiento en sus campos de actuación. Igualmente, todo ello explica la incapacidad de movilización social de la clase política peruana.

El escenario descrito explica también que la unidad nacional, imprescindible frente a situaciones de posguerra y/o grandes desastres naturales, como el desastre pandémico que vivimos, implicaría alianzas estratégicas entre partidos políticos para la conformación de un poder legislativo y ejecutivo con capacidad de actuación conjunta en estados de conmoción nacional, y para la gestión eficaz de medidas de shock fiscal insoslayables frente a la caída libre del ingreso familiar (el Perú es el país más afectado del mundo en cuanto a la pérdida de ingresos familiares por parte de la mayoría de la población).

Finalmente, la guerra entre Ejecutivo y Legislativo solo agravará el desastre pandémico, en la medida que el Ejecutivo no podrá hacer nada fundamental sin una ley que apruebe el Congreso, y viceversa, el Legislativo no podrá formular ninguna ley que sea aplicable sin el Ejecutivo. En tal sentido, el no practicar la unidad nacional cuando urge la reconstrucción del ingreso familiar a través de shock fiscales (de seis a nueve meses como en Chile) sería un crimen de lesa humanidad.

2. La falacia de la reactivación económica por “creación de empleo”. Las economías nacionales de América Latina, como las de África, son predominantemente microempresariales y precarias. En estos países son las MYPE las que crean entre el 75% y 85% del empleo nacional. No la mediana empresa ni la gran empresa ni el Estado. Esto significa que la situación de pobreza económico-social de la PEA está determinada por el subdesarrollo de los pequeños negocios, y que la situación de estos pequeños negocios es consecuencia del subdesarrollo de la demanda poblacional de bienes básicos (comestibles, confecciones, gas doméstico…) y servicios básicos (educación, salud, transportación, recreo, deporte…). Consiguientemente, el Estado está obligado a concentrarse en la reactivación de la demanda doméstica y las MYPES, cual dicotomía insuperable, y no en la ilusión de la “creación de trabajo”.

Pues bien, en el Perú, el ingreso y el consumo familiar —la capacidad de demanda doméstica—ha caído verticalmente durante la pandemia hasta el 60%, que es un récord mundial. ¿Qué y cómo hacer? No existe otra alternativa que declarar en emergencia máxima el ingreso familiar y la parálisis consecuente de las MYPE y, consiguientemente, aplicar políticas extremas de shocks fiscales y microcrédito, uno tras otro, sobre la base que el Perú tiene la más boyante macroeconomía de América Latina. Teniendo en cuenta la factibilidad total de la recuperación de la inversión estatal por recaudación tributaria en la base de la pirámide social sobre la base de impuestos indirectos producto del consumo de masas consiguiente.

En tal sentido, el bono de 350 soles es una burla de reactivación. En Chile, el shock fiscal sobre la base de transferencias mensuales de dinero a la PEA vulnerable, equivalente a un ingreso mínimo vital per cápita, en un interín ya de seis meses (que quizás se extienda a nueve meses), está permitiendo mantener latente la capacidad de ingreso de los chilenos, la reactivación de la oferta empresarial de bienes y servicios básicos, y consiguientemente, la defensa del empleo. La historia económica justifica esta medida tan extrema como temporal en tiempos de posguerra y desastres naturales. El endeudamiento público como instrumento de reconstrucción del consumo popular es absolutamente positivo y necesario, y totalmente recuperable sobre la base de recaudación tributaria; el no hacerlo, más bien, es un crimen de lesa humanidad. No tiene justificación. Máxime cuando la deuda pública de Chile es 2.5 veces la del Perú4. La muerte de miles de personas y la enfermedad de centenares de miles es el costo de la “defensa de la macroeconomía más fuerte y sólida de América Latina”.

La ceguera política y la falsa defensa de una macroeconomía de papel se manifiestan realmente en la situación de la socioeconomía MYPE más pobre y precaria de América Latina: el Perú. Al respecto, después del desastre, el instrumento número uno de la recuperación es el endeudamiento público. Hasta los organismos supranacionales como el BM, el FMI, etc., lo aceptan y recomiendan. Están prestos a apoyar activamente cualquier esfuerzo estatal al respecto. Así, las dos varitas mágicas de la recuperación económica del país serían la unidad nacional y los shocks fiscales de reconstrucción del ingreso familiar ─que es la primera fuerza estructural de la economía y el desarrollo─ y la reconstrucción de la capacidad productiva de la economía MYPE a base de microfinanzas, lo cual no es posible sin el protagonismo del Estado.

“El bono de 350 soles es una burla de reactivación. El endeudamiento público como instrumento de reconstrucción del consumo popular es absolutamente positivo y necesario, y totalmente recuperable sobre la base de recaudación tributaria; el no hacerlo, más bien, es un crimen de lesa humanidad. No tiene justificación”.

3. La falacia de la “estabilidad fiscal y monetaria”. Esta falacia es el gran paradigma marco de la macroeconomía y el crecimiento económico de mercado que justifica el abandono de la verdadera política nacional de desarrollo: la promoción del capital y la pequeña empresa locales como los factores protagónicos de la articulación productiva y el desarrollo socioeconómico interno. La política del desarrollo, pues, no es un problema de “izquierdas” o “derechas”, ni de estabilidad macroeconómica exclusiva partiendo de que el mercado hace todo lo demás; al contrario, es un problema de presencia local de la innovación sociopolítica y la modernización de los pequeños negocios familiares como cadenas integradas.

Al respecto, la llamada estabilidad macroeconómica, como sinonimia de reducción extrema del gasto fiscal, así como del endeudamiento y del déficit fiscal, y el atesoramiento de reservas internacionales netas RIN en el BCR, solo sería, pues, la justificación del abandono del desarrollo local y del ingreso familiar en la base de la pirámide social, que sería finalmente la responsabilidad estatal número uno frente al desarrollo integral de la sociedad.

Sin embargo, el fraccionamiento de la economía global, que ocasiona el fraccionamiento entre países y dentro de estos, así como entre y dentro de los movimientos políticos, y el rompimiento consiguiente de los lazos comunitarios y familiares más íntimos, podría convertirse en una oportunidad de desarrollo de capacidades de autosuficiencia locales, que sería la razón de ser de la humanidad en el marco global de crisis general de la sociedad industrial y el desarrollo tecnológico posindustrial. Mientras tanto, nuestro Estado, nuestro pobre Estado, ni siquiera puede transferir recursos fuera de sus patéticos programas sociales de extrema pobreza y la ejecución de sus obras públicas sin relación alguna con la verdadera concepción del desarrollo territorial.

4. La falacia del “desarrollo industrial” y los “sectores estratégicos” del capitalismo industrial. En los países subdesarrollados como el Perú, las MYPE reciben un tratamiento desigual frente a las grandes y medianas empresas. Los países menos desarrollados colocan sus escasos recursos para apoyar a las grandes empresas5, sin tener en cuenta que lo que es crucial para el desarrollo nacional es la introducción de innovaciones en el tejido territorial empresarial MYPE6.

Todo ello es producto de la visión tardía del desarrollo industrial y la concentración de la actuación estatal en los llamados sectores estratégicos (gas, minerales y otras materias primas) sin tener en cuenta que la producción industrial está perdiendo su posición dominante en el mundo; es decir, que pasa a segundo plano y se traslada al Sur frente al empuje de la producción de las últimas tecnologías científicas y del sector informático-financiero” (Andrei Fursov, 2018). La producción predominante en el mundo de hoy es científica y tecnológica, y los sectores estratégicos son los ámbitos que conforman las nuevas fuentes de conocimiento y reconstrucción del medio ambiente natural (como la biodiversidad del mundo andino-amazónico de Perú).

La sociedad contemporánea o capitalista se ha desarrollado a través de tres grandes periodos centenarios que se entrelazan a través de líneas divisorias de revolución industrial. El primer periodo fue de constitución sistémica del Capitalismo, de 1750 a 1850 grosso modo, entre la revolución industrial de la máquina de vapor y la revolución industrial del motor diesel. Igualmente, el segundo periodo fue de potenciación o Imperialismo, de 1850 a 1950 aproximadamente, que culmina con la Segunda Guerra Mundial y la tercera revolución industrial del capitalismo: la energía atómica, la mecánica cuántica y la invención de la computadora. El tercer periodo de globalización industrial, de 1950 al 2050, se encuentra actualmente en crisis general y fin de época (2020 – 2050), y se expresa en un proceso monumental de desindustrialización y surgimiento de gigantes tecnológicos del conocimiento y la información.

Actualmente, la tecnocracia ─los dueños del conocimiento como medio de producción─ supera al capitalismo industrial en creación de riqueza sobre la base de negocios gigantescos de conocimiento científico y tecnológico, informática, farmacología, robótica, inteligencia artificial…, con una gran velocidad de acumulación de capital cognitivo nunca antes existente (la velocidad de acumulación de riqueza diferencia al capitalismo cognitivo del capitalismo industrial).

5. La falacia de la lucha contra la corrupción. Esta falacia es una de las más cínicas porque en el fondo es una disputa por la conservación del orden existente “extirpando la corrupción del sistema” a través de pequeñas reformas consecutivas sin tener en cuenta la sentencia de Alvin Toffler que “padecemos el hedor y la podredumbre moral de una civilización industrial moribunda, donde sus instituciones, unas tras otras, se precipitan en una ciénaga de ineficacia y corrupción”, y que “ya no es posible resolver dentro del marco de esta civilización los problemas más urgentes de hoy, desde los de la energía, la guerra y la pobreza hasta la degradación ecológica y la quiebra de las relaciones familiares”, porque “vivimos una transformación gigantesca de nuestro modo de vivir, trabajar, actuar y pensar, porque lo que ahora sucede es una revolución global de enorme magnitud”.

Según el marco descrito por Toffler, la corrupción es propia ─y tiene la magnitud─ de la mortandad de la civilización industrial. La corrupción es el sistema; el sistema es la corrupción. Nada funciona sin corrupción en este sistema. La única forma de luchar contra ella, y superarla, es superando al capitalismo y construyendo el poscapitalismo.

En los albores del siglo XXI, el trasfondo de nuestros problemas más imperiosos es estructural, no son consecuencia de fallos funcionales. Así, el marco que justifica la actuación transformadora de las instituciones contraculturales es la crisis general del sistema de la industria y los capitalistas (los dueños del capital) y la aparición del sistema económico del conocimiento científico y los tecnócratas (los dueños del conocimiento tecnológico).

“La única forma de luchar contra corrupción, y superarla, es superando al capitalismo y construyendo el poscapitalismo”

6. La falacia de la nueva Constitución. Los reformistas radicales pregonan que “la única forma de transformar el país es a través de una nueva Constitución”, sin tener en cuenta que las sociedades solo se transforman por sí mismas, y no por ninguna reforma legal, cuando surgen, se replican y multiplican en su seno nuevas formas y prototipos de creación de nueva riqueza, constituyéndose estos cambios estructurales como una línea de tendencia transformativa y nuevos liderazgos de arrastre socioeconómico, cultural y político. En los tiempos de cambios sistémicos globales como
los de hoy, las nuevas reglas y normas del comportamiento económico, social y político son producto del cambio estructural y no el origen de este.

¿Y cómo se produce y reproduce el cambio sistémico? Al respecto, podríamos citar a Gary Hamel para graficarlo: en el periodo actual de desarrollo tecnológico, el desarrollo desde abajo consiste en crear embriones que crecen a través de un proceso de división celular: una única célula se convierte en dos, luego en cuatro, ocho, 16 y así sucesivamente. Algunas células se convierten en pulmones, otras en dedos de los pies, en huesos, en tendones y en todos los demás órganos y estructuras del cuerpo. División y diferenciación, esa es la esencia del crecimiento. Lo mismo ocurre en la sociedad de organizaciones.

Pues bien, ¿queremos transformar radicalmente el país? Necesitamos una teoría social válida, un programa de acción consecuente y un movimiento nacional de innovación estratégica con gran tracción social, política y económica que finalmente norme y reglamente la transformación sistémica que se provoque con una nueva Constitución o reformas esenciales de la actual.

¿Por qué entonces tanta insistencia en una nueva Constitución? Por la incapacidad creativa generacional de la clase política, que se manifiesta en su pobreza ideológica, impotencia política y precariedad organizacional tanto como de movilización social. Por lo demás, es el pretexto perfecto de muchos movimientos políticos para ocultar sus manifiestas debilidades y fragilidad frente a la ola gigantesca del recambio civilizatorio mundial que se levanta ante nuestros ojos.

¡Cualquier Constitución se hará trizas frente al cambio de época presente! ¡El desarrollo científico social, la innovación cultural, la autogestión moderna de las MYPE y la autosuficiencia local no lo crea ni lo impide ninguna Constitución, aunque sí lo generan los verdaderos liderazgos y lo degradan los falsos!

PRÓXIMAS PUBLICACIONES:

Pronunciamiento II: Critica a la política general del gobierno
Pronunciamiento III: Llamado a los movimientos regionales de innovación política

Descargar versión impresa

Deja una respuesta