Las falacias de la clase política peruana | MNIP

Las falacias de la clase política peruana

Introducción

Al escribir el artículo que presentamos de seguida, el país comenzó a experimentar manifestaciones ciudadanas de grandes proporciones, que no se presentaban desde los años de 1980, como respuesta a los actos convenidos y organizados de asalto al poder por parte de la gran mayoría de congresistas; considerando estos, erróneamente, que la ciudadanía no manifestaría su indignación como lo ha hecho, incluyendo las sacrificadas muertes de dos jóvenes. Aunque todo ello, es producto de la acumulación de años de frustración e impotencia, principalmente de nuestros jóvenes, frente a la incapacidad manifiesta del Gobierno Central, el Congreso de la República y los partidos políticos ante la destrucción de la economía social de la población mayoritaria.

El Perú es identificado en el mundo, en relación con la pandemia, como el país con mayor cantidad de muertes por millón, con la mayor pérdida de puestos de trabajo y el mayor empobrecimiento de masas.

¿Qué ha sucedido en nuestro país que ha ocasionado tal grado de indignación popular, la muerte de dos jóvenes, la vacancia de un presidente de la república y finalmente la renuncia de un presidente espurio impuesto por el Congreso de la República?: un grupo de congresistas con intereses particulares en relación con el negocio de la educación universitaria, el tráfico de terrenos, el transporte, la trata de personas, entre otros negocios (Gestión 11/11/20) ─involucrados todos ellos en denuncias e investigaciones por actos de corrupción o haber vulnerado leyes importantes como la ley de educación─ organizaron a la mayoría de congresistas como sus cómplices oportunistas y lograron con “éxito” el asalto al poder al servicio tan solo de sus intereses personales.

Sin embargo, la condena a la banda de sátrapas que tenemos como Congreso, no impide el rechazo al gobierno de Martín Vizcarra. Este gobierno está implicado en crímenes de lesa humanidad al no poner en acción una lucha verdadera contra la pandemia del Coronavirus, defendiendo apasionadamente los intereses de la gran empresa y los sectores socioeconómicos A-B, y abandonando en confinamiento a más de 10 millones de personas sin ingresos mínimos de sobrevivencia, causando miles de muertes que se pudieron evitar, y el empobrecimiento masivo de los sectores más vulnerables.

Mientras tanto el Perú se hunde insoslayablemente en un panorama de sobrevivencia al límite, así como de vació ideológico y de liderazgo:

• Vacío de sobrevivencia, porque la clase política en general no entiende ni asume la gran responsabilidad de reconstruir la demanda de bienes y servicios básicos de la ciudadanía, el trabajo de la PEA y la oferta agropecuaria y manufacturera de nuestras MYPES del campo y la ciudad. No tenemos la clase política nacional a la altura de los grandes problemas y retos del sistema económico mundial, del cual nuestra economía ─dependiente del exterior, en un 70%─ es parte indisoluble.

Vacío ideológico, porque la clase política en general no cuenta con Teorías Sociales de base científica ni con programas de acción creadores de nueva riqueza en las inéditas condiciones del sistema económico, social y político global.
Vacío de liderazgo y poder, que afronta la sociedad peruana entre la impotencia manifiesta del gobierno central (vacado, restituido o sustituido) y las bandas de sátrapas que han penetrado, por tantos años, la clase política peruana.

La pobreza ideológica de la clase política

La “política” no consiste en constituir partidos políticos según las aspiraciones o “idearios” de una persona o un grupo cualesquiera de personas, practicar el show mediático como “marketing político” para participar en procesos eleccionarios, y de seguida redactar una nueva Constitución para la gestión “ética” del statu quo y el “desarrollo nacional” sobre la base de la industrialización de materias primas, principalmente mineralógicas, por inversión extrajera y mano de obra barata.

La Ciencia Política, contrariamente, nos obliga a interpretar y representar los patrones, procesos y líneas generales del cambio mundial de la sociedad, que se reestructura a sí misma de forma permanente, independientemente de la voluntad de nadie, para finalmente promover, liderar y acelerar la transformación social según la experiencia mundial y modelos de validez universal: de lo microeconómico a lo macroeconómico, y de lo local a lo nacional, estatuyendo y generalizando el cambio. Así, la reforma legal se convierte en un instrumento verdadero de constitución nacional de la transformación. En tal sentido, la reforma legal no antecede al cambio, procede de este.

Mientras tanto, nuestra clase política se debate en la pobreza ideológica. De igual forma los medios de comunicación escritos, televisivos y de la internet carecen de contenidos significativos y valederos para guiar el desarrollo del país. Aunque tal situación no es consecuencia de alguna voluntad reaccionaria comunicacional o de clase. Se expresa en todo el mundo y en todos los niveles socioeconómicos. Lo que sucede es que el Sistema Capitalista Global y las Ciencias Sociales que fundamentaron su institucionalización y desarrollo, han llegado a su límite a fines del siglo XX.

¿Qué hacer?

Miremos hacia adelante 20 o 30 años, ¿espera alguien que sean menos turbulentos? ¿Cómo será el mundo que tendremos ante nosotros? Nadie lo sabe a ciencia cierta, pero sí sabemos que se pondrá a prueba nuestra capacidad colectiva de hacerle frente… El mundo será algo totalmente diferente al que conocemos. Por todo ello, estamos obligados a dejar viejas creencias… El problema está en nuestras maneras más fundamentales de pensar. Si estas no cambian, cualquier capacitación o recambio producirá los mismos tipos improductivos de acción (Senge, 1992).

Veinte años después Gary Hamel sentencia que:

Hoy por hoy, los problemas más apremiantes de la humanidad no son meramente tecnológicos; estos son más bien culturales, sociales y políticos. Asimismo, son globales en su esfera de influencia… Frente a tal situación, el futuro de la humanidad dependerá de nuestra capacidad de innovación ideológica, social y política (Hamel, 2012).

¡Cambiemos nuestras maneras más fundamentales de pensar y de actuar! ¡Ahora!

Las guerras tardías de la clase política

La clase política de los países capitalistas tardíos ─subdesarrollados─ como el Perú, se encuentra peleando las guerras del capitalismo del siglo XIX en los albores poscapitalistas del siglo XXI, con un atraso de 200 años; en torno a la acumulación originaria de capital por industrialización de materias primas, la formalización de la pequeña propiedad para acceder al capital bancario, y el ingreso a mercados extranjeros de bienes básicos; así como en torno a la consecución de sueldos y derechos mínimos para los trabajadores asalariados de la “economía formal”, y por servicios básicos estatales de educación, salud, agua potable, luz eléctrica, vías de comunicación, etc. para poblaciones empobrecidas urbanas y rurales; y, finalmente, patéticamente, en lucha por la ilusoria limpieza ética y reforma constitucional del capitalismo globalizado moribundo.

Mientras tanto, los Estados capitalistas ricos ─ayer imperialistas por anexión de territorios y fuentes de materias primas (1870 – 1970), y después globalistas por dominio de mercados y consecución de mano de obra barata (1980 – 2020), como vanguardia de sus transnacionales en competencia hemisférica─ abandonan hoy la globalización industrial y se repliegan a posiciones defensivas “dentro de sus fronteras”, obligando a sus grandes corporaciones de los años 80, supranacionales ahora, a nacionalizar sus actividades centrales de producción a base de digitalización y robotización de procesos, y bajo amenazas arancelarias si no lo hicieran según las condiciones impuestas por la nacionalización del desarrollo de los países potencia y sus Estados Corporación.

La desglobalización industrial y la nacionalización científico-técnica consiguiente, producen nuevas contradicciones en todo el mundo: entre las grandes corporaciones supranacionales por la apropiación ─vía patentes─ del conocimiento científico-técnico mundial; entre los Estados Corporación y las grandes corporaciones por la nacionalización de estas; y, entre los propios Estados Corporación por el dominio de las grandes corporaciones y sus cadenas globales de subsidiarias en todo el mundo.

Todo ello, enfatizamos, en las últimas décadas de descomposición del Sistema Capitalista Global, tercer y último periodo de la sociedad contemporánea o capitalista (1750 – 2050). Teniendo en cuenta que la Sociedad Capitalista se ha desarrollado a través de tres grandes periodos centenarios claramente discernibles (1750 – 1850, 1850 – 1950, 1950 – 2050): el primer periodo de expansión y constitución como sistema nacional; el segundo periodo de concentración monopólica de capital financiero y guerras imperialistas (1850 – 1950); y, finalmente, el tercer y último periodo civilizatorio de globalización industrial, obsolescencia sistémica, autodestrucción y cambio de época (1950 – 2050).

De igual forma, El Globalismo, se ha desarrollado a través de tres ciclos pendulares de tres o cuatro décadas cada uno: primero, de reconstrucción de las economías nacionales de posguerra, de fines de la década del 40 ─al finalizar la segunda guerra mundial─ hasta fines de la década del 70; segundo, de transnacionalización del capital financiero así como de tecnologías, activos y procesos estratégicos industriales, que ocasiona en gran parte la destrucción de las economías locales, los ambientes naturales y el trabajo rural de los países preindustriales como el Perú, desde la década de 1980 hasta la década de 2010; y tercero, de colapso del Globalismo y reconstrucción científico-técnica de las economías nacionales con propensión a la autosuficiencia, desde los años 2020 a los años 2040.

La falacia de la industrialización de materias primas

En los tiempos de cambio de época que vivimos ─entre el sistema del capitalismo financiero y el sistema productivo del conocimiento científico – técnico─, el recurso básico ya no es el dinero ni la tierra ni la mano de obra, porque la creación de nueva riqueza es producto de la gestión del conocimiento y su innovación más que de la asignación de dinero y mano de obra a usos productivos. El conocimiento científico es ahora el único recurso significativo. La aplicación y gestión del mismo es lo que importa ahora. En tal sentido, la creación de vieja riqueza por aplicación de capitalismo financiero y mano de obra barata a la industrialización de materias primas mineralógicas, es anacrónico.

Actualmente, existe un stock mundial de capital global equivalente a 740 billones de dólares, que es el valor monetario mundial total de los Productos Financieros Derivados vinculados a los activos de capital existentes en el mundo: que incluye al capital inmobiliario mundial (215 billones de dólares), la deuda externa mundial (325 billones de dólares) así como al capital industrial y el capital bancario mundiales, las reservas internacionales netas de todos los países y las patentes en general (200 billones de dólares). Gran parte de este capital global hoy se está desvalorizando velozmente por la caída en espiral descendente de la demanda agregada y la caída a cero y menos de cero de la tasa de interés.

Así, en el marco de la depresión de la demanda global y la consiguiente desvalorización del capital financiero global, no tiene sentido iniciar procesos nacionales de creación de valor industrial tradicional. El capital financiero es ya, en gran parte, capital sobrante, sobrevalorado y consiguientemente ficticio. El mundo tiene un solo camino de salida: el desarrollo de capital saber por acumulación de conocimiento científico (vías patentes), de capital cultural por desarrollo productivo autogestionario (vía marcas culturales), y de capital natural por recomposición y valoración de ambientes naturales (vía bonos verdes). ¿Y cómo hacer todo ello?

Constituir instituciones políticas y sociales a base de conocimiento científico avanzado e innovación estratégica: que nos obliga a salir de los terrenos competitivos del capital global y su gran estructura interconectada de producción, tecnología y finanzas industriales en todo el planeta; diseñando y gestionando estrategias desconocidas hasta hoy por conformación de nuevos mercados posindustriales en expansión para una producción posindustrial sostenible en expansión; a base de conocimiento científico naturalista, autogestión social moderna y restauración – valoración de ambientes naturales. Todo lo que implicaría, en el Perú, una revolución agropecuaria, amazónica y marítima sostenible, autosuficiente e inédita por diferenciación ecológica frente al mercado mundial de commodities.

Por ejemplo:

• Crianza ecológica de camélidos sudamericanos
• Producción ecológica de cereales y tubérculos andinos
• Reforestación en costa, sierra y selva
• Recuperación del mar y sus especies como fuente de alimento natural

He ahí el gran capital científico, natural y social del futuro de la humanidad. El reto es liderar esta gran revolución en el Perú y el Subcontinente Andino. Todo ello en torno a los nuevos paradigmas del desarrollo humano:

  • La creación y acumulación de conocimientos científicos y tecnológicos para el desarrollo sostenible de la sociedad, que sería la verdadera condición del capital saber.
  • Igualmente, la interacción humana, así como la autogestión y la riqueza social sería la verdadera condición del capital cultural.
  • Finalmente, la capacidad para reconocer la vida natural como la interconexión entre la Biología, la Tecnología y la Cultura Humana, que produce nuevas tecnologías de bio sustentabilidad, sería la verdadera condición del capital natural.

La falacia de la lucha contra la corrupción

El gran tablero de ajedrez mundial de las fuerzas estructurales del capital financiero global, es protagonizado por las grandes corporaciones supranacionales, sus subsidiarias y corporaciones nacionales – regionales (las reinas de ajedrez), y los Estados Corporación (los reyes de ajedrez); en segundo lugar coparticipan los gobiernos de los países ricos y pobres como fuerzas secundarias (torres y alfiles); que son conformados por funcionarios de alto nivel: presidentes, ministros, congresistas, jueces… y empleados de menor jerarquía (caballos y peones).

Este sistema capitalista global de grandes Corporaciones y Estados (de reinas y reyes de ajedrez), se desarrolla corrompiendo funcionarios de mayor y menor jerarquía (caballos y peones). Sin embargo, la ciudadanía y la ley, juzgan y castigan solo a los que puedan hallar en flagrancia o por delación, que son una pequeña minoría de funcionarios públicos. Mientras tanto, el sistema planetario de reinas y reyes sigue desarrollándose sustituyendo a las viejas piezas menores sacrificadas, en un marco político – circense de prospectos de caballos y peones (sin ideología alguna ni programa de acción alguno). ¿Quién juzga y castiga a las reinas y los reyes de ajedrez?. ¿Qué hacer?. ¿Destruir el tablero de ajedrez?: No es posible hacerlo porque es global. Se destruirá solo en tres o cuatro décadas.

Por otro lado, las fuerzas del trabajo asalariado y autogestionario están quebradas en gran parte, sin ningún liderazgo consciente de la realidad, que se manifiesta en su dispersión y mínimo desarrollo ideológico, político y organizacional. Todo ello provoca la aparición y expresión abierta de bandas organizadas en el seno de la llamada clase política, que asaltan los poderes del Estado y el erario nacional en un ambiente de guerras irreconciliables entre sátrapas. La situación en el país se agrava. La pérdida de millones de puestos de trabajo, informales y formales, y el empobrecimiento masivo, que son las fuerzas estructurales más poderosas, explican la situación de crisis general de la economía y la sociedad peruana en su conjunto: la caída en espiral descendente de la demanda de bienes y servicios básicos, las quiebras empresariales y de la tributación, así como la desesperación, el caos, el pillaje y la corrupción. ¿Qué Hacer?.

La falacia de la nueva constitución

El Sistema Capitalista Global ha ingresado a un proceso ─económico, social, político y ambiental─ de autodestrucción sistémica (2020-2050). La pandemia, parte y consecuencia de este proceso, solo lo ha develado y agravado. En este marco autodestructivo, el capitalismo tardío de Perú y América Latina, que solo ha sido capaz de emplear hasta el 35% de la PEA en momentos de “estabilidad macroeconómica” (deuda externa y déficit fiscal mínimos, y reservas internacionales netas máximas), se está convirtiendo en un sistema de reproducción del desempleo, el subempleo y empobrecimiento masivos. La mejor proyección de este sistema sería el de la convivencia de un sistema exógeno (de inversiones extranjeras, exportaciones e importaciones) y un sistema económico estatal – paraestatal, que emplearían ambos al 25% de la PEA, con un sistema autogestionario MYPE y de emprendimientos efímeros que comprendan al 75% de la PEA. Este sistema anómalo de crisis general, se dirige de forma inexorable hacia la pobreza extrema, el caos, la violencia y la desobediencia civil.

Según esta perspectiva, cuando la ciudadanía se pregunta ¿Qué Hacer?, la llamada clase política solo tiene una respuesta: ¡Nueva Constitución! Así de fácil. Sin entender siquiera que lo que determina la naturaleza de la economía social en el mundo son las fuerzas estructurales interconectadas del gran capital global y no la Constitución y las leyes de ningún país.

Las leyes y la Constitución no definen el qué hacer frente a los retos del desarrollo de la sociedad. Las leyes no son herramientas del desarrollo de la sociedad, menos de su transformación, solo son instrumentos de gestión del statu quo. El qué hacer consciente solo lo determina una Teoría Social
(científica) y un Programa de Acción consiguiente. Sin embargo, si consideramos la redacción de una nueva Constitución, estaríamos obligados a resolver la siguiente pregunta de fondo: ¿Qué tipo de Constitución se necesitaría en las actuales circunstancias de crisis general?

Una Constitución para crear demanda y empleos masivos por ley?, debido a que los problemas básicos estructurales del mundo son la destrucción del empleo por la alta tecnología y la destrucción de la demanda agregada por la caída sostenida del ingreso familiar. Sin embargo, esto implicaría convertir los Estados Corporación en Estados de Bienestar de posguerra (años de 1950 y 1960) ¿Eso es posible con reformas legales y constitucionales?. En segundo lugar, se necesitaría una Constitución para crear teorías sociales y partidos políticos verdaderos?, porque sin todo ello una Constitución no serviría para nada, solo estaría al servicio de una clase política burocrática, improductiva y corrupta.
• En tal sentido, ¿la Constitución a formular tendría que ser capitalista industrial, ya que los países ricos cada vez más dejarán para los países pobres la vieja industrialización de materias primas a base de capital financiero global, mano de obra barata, destrucción de las economías locales agropecuarias y del ambiente natural?. En su defecto, ¿redactaríamos una Constitución posindustrial basada en la creación y acumulación de conocimiento científico – tecnológico?. Más difícil aún, porque en nuestro país no existe un programa nacional de diseño y gestión de la transformación económico social posindustrial basado en la nacionalización científico – técnica del desarrollo, la autogestión social moderna, el desarrollo de la autosuficiencia regional y la reconstrucción de los ambientes naturales perdidos, que sería la tarea fundamental de partidos políticos verdaderos (inexistentes en nuestro país).
• Alternativamente, sería más racional y productivo crear reformas legales clave que obliguen al gobierno a promover la reconstrucción y reestructuración de la economía nacional y regionales:

o Por reconstrucción de la economía nacional a través de tres shocks fiscales: de creación de demanda (por transferencias directas de un ingreso básico universal individual-mensual, equivalente al sueldo mínimo vital, en la base de la pirámide social de la PEA), de creación de trabajo temporal en infraestructura física urbana y rural, y de creación de oferta agropecuaria así como de bienes y servicios básicos a nivel urbano.
o Por modernización y desarrollo de cadenas integradas de trabajo autogestionario MYPE, a base de prototipos y promoción nacional de los mismos. Igualmente, a base de prototipos de autogestión social moderna, de autosuficiencia periurbana, así como de éxodo urbano y neorruralismo en costa, sierra y selva.

2 Comentarios sobre “Las falacias de la clase política peruana

  1. La agricultura sostenible y ecológica, andina, rural acorde a la modernidad, sería una alternativa viable, factible. El mundo necesita del sustento alimenticio; sin embargo, solo se enfoca al capital. La naturaleza humana encaminada de forma armónica consigo misma, de manera consciente y social emerge sustentablemente con proyección a su desarrollo. Todo depende de una culturalizacion dialéctica y cambiante que derive en la sobrevivencia de la humanidad.

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