Liderando la reconstrucción social: Capítulos I y II | MNIP

Liderando la reconstrucción social: Capítulos I y II

Capitulo I: Ideología y desarrollo

En los últimos tiempos, la comprensión humana ha llegado a desarrollarse al nivel de nuevas construcciones ideológicas, las mismas que abarcan una visión de la vida como una gran red interconectada. A medida que las organizaciones sepan reconocer la conexión dinámica de las distintas partes de la estructura social dentro de un todo global, el liderazgo empezará a florecer en lugares y modos que difícilmente podemos imaginar. Solo líderes así tendrán una gran influencia en quienes los rodean para trabajar de una manera más innovadora y eficaz (Drucker, 1996).

Sabemos que la innovación reduce el capital social acumulado de las personas porque las obliga a comenzar de cero, pero no hay otro camino. Todo individuo puede empezar de cero otra vez, pero, sin innovación, todos se frustran: no se crean los ambientes para que miles y miles de personas se formen y puedan ser más productivas (Hamel, 2000).

En el Perú, la mayoría de las instituciones de la sociedad política y de la sociedad civil no se construye con sólidas bases ideológicas, sino que, más bien, sus motivaciones están en relación tan solo con la gestión y no con la innovación del ‘orden existente’. Este hecho social deviene, finalmente, en la impotencia y la desaparición progresiva del liderazgo de las instituciones. Y esto, a su vez, en el deterioro y la extinción de la organización social como antesala del caos, la corrupción y la violencia generalizada.

¿Qué está pasando con nosotros y nuestro mundo?

Todos estamos implicados en una crisis terminal de la civilización industrial, y de las ciencias sociales que fueron su base y fundamento. La Sociedad Contemporánea —o capitalista— y sus teorías sociales científicas han llegado a su límite. He ahí nuestra impotencia ideológica y organizacional. Entonces, ¿Qué hacer?

La respuesta incluye una actitud de apertura hacia lo desconocido e inesperado, y un panorama teórico más amplio que nos lleve a sobrepasar las barreras disciplinares de las ciencias sociales para encontrar soluciones compatibles con la naturaleza compleja de la problemática global actual.

Consideremos que, para la construcción de un planteamiento ideológico interdisciplinar válido, se requiere de una profunda capacidad de reflexión, equipos de búsqueda y composición de información, y un nuevo enciclopedismo poscapitalista que sirva de punto de partida y guía. La interdisciplinariedad nos obliga a reconectar diversos tipos de saberes y diversas dimensiones de la vida para que todo acto de creación se pueda manifestar plenamente (Cândida, 2010).

Presente y futuro mundiales.

Es interminable la lista de problemas con los que se enfrenta nuestra sociedad. Padecemos el hedor y la podredumbre moral de una civilización industrial moribunda, donde sus instituciones, una tras otra, se precipitan en una ciénaga de ineficacia y corrupción. Ya no es posible resolver, dentro del marco de esta civilización, los problemas más urgentes de hoy, desde los de la energía, la guerra y la pobreza hasta la degradación ecológica y la quiebra de las relaciones familiares. El rígido dogma teológico del mercado libre y el goteo de los beneficios de arriba hacia abajo que postulan los políticos no va a solucionarlos (Toffler & Toffler, 1995).

Sin embargo, los cambios bruscos que ahora experimentamos dan por sentado que vivimos una transformación gigantesca de nuestro modo de vivir, trabajar, actuar y pensar, porque lo que ahora sucede es una revolución global de enorme magnitud; pero estos grandes cambios no son caóticos ni aleatorios, sino que de hecho forman una pauta definida y claramente discernible. De tal forma que, analizados desde esta perspectiva, muchos acontecimientos, aparentemente desprovistos de sentido, resultan de pronto comprensibles. Las líneas generales del cambio empiezan a emerger con claridad. La acción por la supervivencia vuelve a ser posible y probable. En resumen, la premisa revolucionaria libera nuestra inteligencia y nuestra voluntad (Toffler & Toffler, 1995).

En tal sentido, al finalizar la década de 1990 e iniciarse el siglo XXI, los líderes y organismos más clarividentes* de la sociedad descubren que las décadas comprendidas entre los años 1950 y 2000, corresponderían a la tercera y última línea divisoria de la civilización capitalista o contemporánea, y que esta habría evolucionado no solo como una divisoria histórica occidental, al igual que las diversas líneas divisorias (cada 300, 200 o 100 años) durante todo el segundo milenio (s. XI – s. XX), sino como una primera gran metamorfosis de toda la sociedad mundial, la misma que habría dado nacimiento al sistema capitalista global que hoy vivimos (*que comprenden complejidades).

El mundo, pues, ha cambiado radicalmente durante los últimos 50 años, más que en los 2000 años precedentes, pero la mentalidad de la sociedad no lo ha hecho de la misma manera. Esa es la esencia del colapso civilizatorio actual, que se grafica como una brecha insalvable entre la sobrecapacidad industrial y la concentración de la riqueza social por un lado y la masificación del subempleo y la difusión de la pobreza por el otro. Pero, sobre todo, por la parálisis y la obsolescencia de las teorías económicas, sociales y políticas del siglo XX.

Mientras tanto, los países no desarrollados del Hemisferio Sur como el Perú —que no habían desarrollado por sí mismos formas económicas y sociales de tipo capitalista sino desde y para el extranjero, en coexistencia con formas de producción feudales y comunales primarias en la mayor parte de su territorio—, comenzaron de pronto, entre los años 1980 y 1990, una gran reestructuración sistémica nunca antes vista desde la conquista española. En gran medida, parte de sus modalidades económico sociales de tipo comunitario y/o servil se extinguió sin que se constituya una economía moderna; en su lugar, se desarrolló un capitalismo tardío, principalmente urbano, sobre la base del subempleo del 80 por ciento de la PEA nacional. ¿Qué hacer?

La segunda parte del tercer período de la Sociedad Contemporánea (2000-2050), antecedida por la crisis general del llamado Globalismo, se caracterizaría finalmente por la reforma radical del sistema capitalista global, la reconstrucción de las economías nacionales de dinámica interna, la reorganización sectorial de la sociedad civil (educación, salud, trabajo, residencia, seguridad y vida comunitaria, etc.) y la reestructuración del Estado al servicio de tales cambios renacentistas.

Todo esto constituiría una transformación y un desarrollo histórico endógeno que, nuevamente, después de unas tres o cuatro décadas más, entraría en crisis. Esta impulsaría un nuevo tipo de globalización que, a su vez, ocasionaría el surgimiento de una sociedad poscapitalista mundial basada en el capital saber y el trabajo técnico científico: la Tecnocracia.

En el marco de la crisis general de nuestra sociedad, se constituye el Movimiento Nacional de Innovación Política – MNIP, con la misión de servir significativamente al diseño y la difusión de las bases ideológicas que necesita nuestro país para la reconstrucción de su institucionalidad económica, laboral, social y política. Así, todo nuestro esfuerzo ideológico está dirigido a todos aquellos que tengan un vivo interés por el trabajo intelectual y organizacional que el desarrollo económico, social, ideológico y político exige.

Capitulo II: Desastre y sobrevivencia ¿Qué hacer?

Desde la aparición manifiesta del sistema capitalista global en los años de 1980, a partir del traslado de la producción industrial de los países de occidente hacia la periferia global —cuando las últimas tecnologías del sector financiero-informático comienzan a tener una posición dominante en el Hemisferio Norte, que finalmente modifican las economías nacionales de dinámica interna a través de las múltiples redes de flujo de capital, tecnología, información y productos que operan a escala global en tiempo real (Castells & Esping-Andersen, 1999)—, se constituyen velozmente Estados Globalistas (o Estados Corporación). Estos Estados se adecúan a la globalización de los capitales financieros, lo que supone la minimización de sus obligaciones sociales hasta procurar librarse de la población económicamente no rentable, sobrante. Dentro del sistema de producción a base de tecnologías de punta, las capas sociales masivas no son necesarias (Fúrsov, 2008).

El Capitalismo de mercado global ha demostrado ser un gran motor de creación de riqueza, pero si en los próximos 25 años sigue funcionando como lo ha hecho en el último cuarto de siglo, se viene un grave colapso del propio sistema. Esto suena terrible. Y, de hecho, lo es. Las amenazas del Capitalismo de mercado global son diversas. Cuando las brechas entre ricos y pobres siguen creciendo, cuando millones de desposeídos migran desde los países pobres hacia los ricos —y estos últimos responden con un proteccionismo cada vez más estricto—, cuando los sistemas financieros globales son frágiles y nada transparentes, y cuando los protectores tradicionales de la sociedad —el gobierno, la industria, los negocios y las instituciones internacionales— son incapaces de abordar estos y otros problemas de primer orden, están todos los elementos para un desastre (Bower, et al., 2011).

En tal sentido, los nuevos postulados del Nacionalismo poscrisis del siglo XXI, que la sociedad mundial comienza a adoptar al reestructurarse por sí misma cuando sobrepasa la primera década del 2000, tienen que ver hoy, principalmente, con las tendencias proteccionistas de los países desarrollados. Estos últimos, amenazados por las corporaciones supranacionales estacionadas, sobre todo, en el Asia de mano de obra barata, están viéndose obligados a blindar sus mercados y sus economías empresariales de dinámica interna, todo lo que los países atrasados tendrán que imitar en pocos años.

Hacia finales de la primera década del 2000, frente al desarrollo y crisis del Globalismo, se clarifican los nuevos componentes del desarrollo económico nacional por autosuficiencia: (1) reforma radical de los programas de mercado libre para un desarrollo económico endógeno por ocupación plena de las fuerzas productivas nacionales, (2) desarrollo por distribución del producto social sobre la base del desarrollo organizacional de la pequeña empresa moderna y (3) desarrollo local autónomo para la integración nacional a través de dinámicas multilocales con infraestructura productiva y mercados en expansión, diferenciación y diversificación.

Frente a los nuevos componentes del desarrollo nacional, la autogestión social se convierte, cada vez más, en una estrategia vital de la sociedad y su desarrollo. Comenzando el siglo XXI, la autogestión se despliega alrededor del planeta como un nuevo estado de cosas de las sociedades humanas. Hacerse a sí mismo se vuelve la naturaleza humana de las culturas globalizadas (El arte es verbo no sustantivo, 2011).

La autogestión ha existido desde la formación de las primeras sociedades humanas. Las culturas más ancestrales se han desarrollado, todas, de un modo autogestionado; esto perduró hasta que la implantación de los Estados desplazó la hegemonía de los grupos y las comunidades autogestionadas. La palabra autogestión, hace algunos siglos, entra nuevamente en el vocabulario occidental a través de las comunidades rusas que hacían sus vidas sostenibles en medio del abandono de los poderes feudales y la aristocracia (El arte es verbo no sustantivo, 2011).

La experiencia de autogestión más plena y consistente del siglo XX se dio en la España de 1936, que aprovechó el vacío de poder que quedaba tras un fallido golpe de estado militar. Casi toda la economía estuvo bajo el control de los trabajadores organizados, dirigiendo las fábricas por medio de comités y asambleas. En Cataluña se llegó a sostener la colectivización de al menos 75 por ciento de la industria, plasmando la actualización de las tradiciones rurales autogestionarias a través de las tecnologías industriales modernas (ídem).

Igualmente, el gobierno socialista de Yugoslavia en 1950, tras haber roto sus relaciones con la Unión Soviética, declaró y promovió la implementación de la autogestión a la vez que redujo el control del Estado sobre la economía. Durante dos décadas se mantuvo la primacía de la economía autogestionada, sosteniendo altos índices de empleo y de educación, al menos hasta las crisis petroleras de la década de 1970 (ídem).

Así, hoy por hoy, los problemas más apremiantes de la humanidad no son meramente tecnológicos; estos son más bien culturales, sociales y políticos. Asimismo, son globales en su esfera de influencia. Frente a tal situación, el futuro de la humanidad dependerá de nuestra capacidad de innovación ideológica, social y política (Hamel, 2012).

¿Cómo hacer todo ello?

Los sistemas sociales grandes y complejos no se cambian desde arriba, salvo estén en medio del desastre. Pero el desarrollo desde abajo significa comenzar de cero otra vez. En el período actual del desarrollo tecnológico, significa crear una multitud de pequeñas organizaciones de todo tipo (culturales, sociales, políticas, empresariales…) que permitan a la gente ver el fruto de sus esfuerzos. Consiste en crear embriones que crecen a través de un proceso de división celular: una única célula se convierte en dos, luego en cuatro, ocho, 16, y así sucesivamente. Algunas células se convierten en pulmones, otras en dedos de los pies, en huesos, en tendones y en todos los demás órganos y estructuras del cuerpo. División y diferenciación, esa es la esencia del crecimiento. Lo mismo ocurre en las organizaciones. Cuando estas dejan de dividirse y diferenciarse, la innovación muere y el crecimiento se frena (Hamel, 2007).

Si queremos entender los hechos sociales importantes ─con la ayuda de nuestro trabajo por seguimiento de tendencias─, obtendremos ese entendimiento. Si no tenemos interés por comprender nuestro mundo, no seremos conscientes de la realidad que nos rodea, que es la primera condición para la supervivencia y el desarrollo social. Estamos dispuestos a trabajar con usted, según sus tiempos y condiciones, en función de la realización de los objetivos de innovación social suyos y nuestros. Comuníquese con nosotros, hagamos algo trascendente por nuestros hijos y la sociedad peruana.

2 Comentarios sobre “Liderando la reconstrucción social: Capítulos I y II

  1. Sr. Espinoza
    En el Perú del siglo 20 tuvimos a tres personajes que sentaron bases ideológicas de tres grandes movimientos sociales: el aprismo, el marxismo maristeguista y el socialcristianismo. Cómo quedan estos tres bloques ideológicos.

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