Siglo XXI y neoliderazgo social: Capítulos III y IV | MNIP

Siglo XXI y neoliderazgo social: Capítulos III y IV

Capítulo III: Ideología y cambio de época

Las publicaciones del Fondo Editorial del Movimiento Nacional de Innovación Política – MNIP, tienen un trasfondo filosófico. Pretenden ser parte y consecuencia de las nuevas teorías sociales en formación frente a la crisis final del Capitalismo Global y el surgimiento de un nuevo periodo civilizatorio: la constitución de la Sociedad Poscapitalista como lo estableció Peter Drucker. Por tal razón, nuestra primera obligación es reivindicar y justificar el uso de la palabra ideología —tan desvirtuada y tergiversada los últimos 40 años—, y sustentar nuestro trabajo como una propuesta sociológica científica que pretende influenciar significativamente en la reconstrucción cultural y organizacional de la sociedad peruana.

La fuente de nuestros problemas está en nuestra ideología; es decir, en nuestras maneras más fundamentales de pensar. Si estas maneras no cambian, cualquier modificación que hagamos en nuestra praxis acabará generando los mismos resultados improductivos. Solo con una ideología válida podremos entender la naturaleza de los procesos del desarrollo y también de las fuerzas contrarias que los impiden (Hamel, 2012).

Reiteramos: todos estamos atrapados entre supuestos muy arraigados dentro de diversas construcciones ideológicas que pocas veces son alteradas. Así, los nuevos sucesos, por lo general, no son absorbidos por estas construcciones ideológicas sino más bien son descartados. El reto es derribar estas construcciones o debilitarlas por lo menos. Para hacerlo, tendremos que reconocer primero que estamos dentro de una de ellas, paso que gran parte de nuestros especialistas y ejecutivos no dan, pues, por lo general, solo se guían por criterios meramente técnicos (ídem).

En los momentos de crisis general que vivimos, más aún, estamos obligados a buscar nuevas estrategias de creación de valor. Sin embargo, esto no se podrá realizar si las personas dan por sentado el 90% de su modelo mental existente. La confirmación persistente de lo que ya se cree es una pérdida total de tiempo. Es difícil imaginar estrategias revolucionarias cuando nueve décimas partes de nuestro cerebro están atadas de pies y manos (ídem).

En tal sentido, es el momento de crear los nuevos liderazgos que necesitamos, que posean un profundo conocimiento de sus organizaciones. En otras palabras, que consideren a sus instituciones como sistemas vivientes y que las valoren dentro del contexto de sistemas más grandes, de los cuales ellas también forman parte (Drucker, 1996) … Asumiendo que las ideas que se salen de los límites establecidos, con el objeto de probar algo nuevo, son vistas como “distracciones peligrosas”; precisamente porque develan los procesos que perpetúan el statu quo. Sin embargo, lo único peligroso es el mismo statu quo que está allí para frustrar lo nuevo, lo no convencional (Hamel, 2000).

Historia mundial, crisis general y cambio de época

La historia mundial se ha desarrollado a través de un proceso compuesto por grandes etapas—sociedades, sistemas, épocas o civilizaciones—que se diferencian, fundamentalmente, por sus factores básicos de producción social como lo estableció Peter Drucker. A su vez, estas grandes épocas que componen la permanente evolución histórica, han sido constituidas por tres periodos únicos: uno inicial de constitución y expansión; uno intermedio de potenciación e imperialismo; y, uno final de globalización y obsolescencia como el que vivimos desde mediados del siglo XX. Finalmente, todos estos periodos se han entrelazado por momentos, relativamente cortos en el tiempo, de grandes crisis y reestructuración total.

Cuando en el seno de todas las grandes etapas de la sociedad humana surgen nuevos factores cruciales de producción social, sin los cuales los factores básicos de producción sistémica vigentes no podrían impulsar la rueda de la evolución social, nace el tercer período final de la etapa en desarrollo.

De esta manera, la Era Primitiva inició su tercer período terminal cuando surgieron los primeros poderes teocráticos y las primeras “esclavaturas”. Igualmente, la Sociedad Antigua (o Esclavismo), cuando en ella crecieron considerablemente los feudos y los siervos, inicia su fase final. Por su parte, el último período de la Sociedad Medieval (o Feudalismo) se inició cuando el capital y el trabajo de jornaleros se tornaron en los nuevos factores cruciales de la producción y el desarrollo. Actualmente, en la Sociedad Capitalista mundial (Capitalismo), a partir de mediados del siglo XX, han surgido de forma crucial nuevos elementos de producción social, en tal cantidad e importancia que el capital y el salario ya no constituyen sino solo algo complementario para el desarrollo. Estos elementos inéditos son determinantes para el desarrollo del tercer período de la Sociedad Contemporánea y para la conformación de los cimientos de la próxima civilización: la poscapitalista (o Tecnocracia).

(Los nuevos factores cruciales del desarrollo humano, sin los cuales no sería posible entender el progreso mundial, serían dos: el capital saber, que se desarrolla por concentración del conocimiento técnico científico, y los trabajadores del saber que se desarrollan por productividad gracias a la instrucción especializada continua)

Estamos, pues, en un cambio de época. Lo que estamos viviendo no es una crisis coyuntural. Es una crisis de cambio de tiempo. Para salir de este gran desequilibrio sistémico se necesitará otra tecnología, otras teorías económicas y sociales, otras instituciones. Finalmente, cuando salgamos de todo ello, estaremos en otro mundo.

La autodestrucción del sistema

Se puede afirmar, sin lugar a dudas, que el papel del ‘Capitalismo’ contemporáneo, sin importar cómo se le llame, como un método óptimo para combinar la libertad, la democracia, la seguridad social, los derechos humanos, la eficiencia económica y la justicia social, debe analizarse nuevamente, en vista de que este sistema se encuentra en la base misma de nuestros problemas (Krugman, 2009).

Llegado a un punto, el Capitalismo se autodestruirá, porque no se puede seguir trasladando ingresos del trabajo al capital sin tener un exceso de capacidad productiva y una falta de demanda agregada (la paradoja principal del Capitalismo). Y eso es lo que está sucediendo. Lo que es individualmente racional es que cada empresa quiera sobrevivir y prosperar, y eso significa recortar costos laborales aún más: es decir, los ingresos laborales y el consumo de la PEA. Por eso es que es un proceso de autodestrucción (Roubini, 2011).

Mientras tanto, la crisis mundial sigue su curso hacia la depresión económica, y consiguientemente hacia la extinción del Globalismo, construido sobre la base de la revalorización del capital y la desvalorización del trabajo.

La Civilización Contemporánea que vivimos (o Sistema Capitalista) se constituyó como sociedad a partir de la mitad del siglo XVIII, sobre la base de los dos factores cruciales de la Modernidad: el capital dinero y el trabajo asalariado.

Desde entonces, los principios y los valores de estos factores rigen las dinámicas de la sociedad en todos sus planos. Sin embargo, la mayoría de los analistas solo tiene en cuenta la crisis del capital y no la del trabajo para estudiar la crisis mundial. Así, a esta última, la conciben solo como una crisis financiera y no como una de las últimas crisis del sistema del trabajo y del capital. En tal sentido, la reproducción y la revalorización del capital no hubieran tenido mayor significación crítica si es que con el trabajo, el otro factor estructural del sistema capitalista, no hubiera pasado todo lo contrario: una gran desvalorización y reproducción como subempleo a escala mundial. El desarrollo del Capitalismo Global no es posible sin un salario básico global ($1200.00).

La gran crisis financiera mundial —es decir, la caída vertical de los valores del capital— ha sido consecuencia de la caída en espiral descendente de la remuneración del trabajo en todo el mundo y del ingreso per cápita del 80 por ciento de la población mundial durante los últimos 40 años. A fines de la década de 1970, cuando el Capitalismo occidental se convertía en un sistema mundial, la remuneración del trabajo se paralizó y comenzó a descender globalmente. De tal manera que hoy, por ejemplo, se producen autos con salarios de 300 dólares-mes en China, cuando a fines de 1970 se producían con salarios de 2 mil dólares-mes en EEUU. En tal sentido, el 80 por ciento de la PEA mundial tiene, actualmente, una capacidad adquisitiva muy pobre frente a una enorme infraestructura industrial construida por el Globalismo durante las últimas tres décadas.

En otras palabras, la caída mundial de la remuneración per cápita global del trabajo y la consiguiente parálisis del consumo per cápita global (el motor de la economía real) desde la década de 1970, ejercen una fuerza deflacionaria extraordinaria sobre los valores del capital. Esta fuerza aumenta a medida que la brecha entre los valores del capital y los valores del trabajo se hace más grande e insalvable, y los primeros caen irremediablemente. En medio de esta gran crisis sistémica, solo una nueva relación productiva-reproductiva entre ambos valores podrá reconstruir el equilibrio mundial.

(En las circunstancias técnico-científicas actuales, ¿qué nuevas relaciones entre el capital y el trabajo son aquellas que permitirán reconstruir las economías nacionales del mundo y, por ende, constituir una nueva y superior globalización?. ¿ Y qué nuevas condiciones económicas, sociales, políticas y culturales globales surgirán?)

Todo organismo importante tiene un punto de vista, una metodología y un lenguaje estructural* únicos. Cuando lea nuestros escritos, sugerimos que trate de encontrar los conceptos que planteamos párrafo a párrafo. Resáltelos uno a uno. Es un buen método. Trate de encontrar después la cadena de conceptos que sugerimos, artículo por artículo. Finalmente, estructure la teoría de innovación que presentamos en todos los artículos. Propóngase a encontrarla y haga un esquema dinámico de ella. Puede ser de mucha utilidad para el desarrollo de su punto de vista personal. Anímese a avanzar en el mundo del cambio.

(*El lenguaje usado por MNIP no es un lenguaje convencional técnico, como supuestamente corresponde a las publicaciones dedicadas al desarrollo, es un lenguaje ‘contracultural’ no especializado).

Capítulo IV: Crisis mundial y creación de liderazgo

Frente a la actual crisis mundial, nada pueden hacer los líderes sociales y políticos sin que se ponga a muchas organizaciones de la sociedad civil y la sociedad política a innovar y crear nueva riqueza —y nuevos puestos de trabajo— frenéticamente. No lo podemos hacer hasta ahora porque la fragmentación de las teorías y disciplinas del desarrollo castra la imaginación y la creatividad de nuestros líderes y profesionales. Ya no podemos seguir separando las disciplinas o “especialidades” del desarrollo, pues unas no pueden existir sin las otras. La vida nunca se presenta fragmentada o parcialmente. Lo importante es recordar que cualquier objetivo de innovación social o innovación política jamás será dominado por una explicación sesgada de la realidad (Cândida, 2010).

Necesitamos un pensamiento interdisciplinar que pase de una teoría social a otra o, incluso, de estas a las ciencias naturales. Unas disciplinas abren hendiduras en otras, interfiriendo en las entrañas de estas últimas, y viceversa. Ciertamente, para preservar los fundamentos básicos de cada disciplina, estos pasajes no se pueden hacer directamente sin el rigor científico necesario (ídem).

Sin embargo, los programas convencionales de profesionalización especializada siguen centrados en la capacitación técnica y funcional de profesionales, creando generaciones de líderes y ejecutivos pragmáticos y operacionales, e ignorando el problema número uno del desarrollo: la falta de una clase política y de profesionales cerebrales y eficaces capaces de conformar una nueva generación de organismos dentro de la sociedad política y la sociedad civil, que haga posible el desarrollo del país en las actuales circunstancias globales.

Todo acto educacional, al contrario, nos debería sugerir ‘la participación de diferentes áreas del conocimiento frente a la realidad como un sistema vivo y mutante’. Todo ello implica la creación de ‘un currículo como un espacio vivo’ de construcción de conocimientos complejos e interdisciplinares. Un currículo en acción, en movimiento, abierto a la vida, que se va transformando desde las relaciones e interacciones que se producen.

Finalmente, la revolución interdisciplinar y constructivista del currículo exigiría un nuevo y necesario enciclopedismo que, como diría Diderot, sería la reunión de conocimientos poscapitalistas dispersos por la faz de la tierra. La Enciclopedia fue la obra de síntesis de los conocimientos creados por la humanidad en un momento de su historia, en los albores del Capitalismo. Fue una especie de inventario de la civilización en un momento dado.

En tal sentido, nuestra pretensión es mostrar ahora la riqueza acumulada de los nuevos conocimientos provenientes del cambio en los albores del Poscapitalismo. La Enciclopedia del siglo XXI sería así una empresa editorial que, en manos de promotores del Posmodernismo científico, se convertiría en una obra revolucionaria, en el instrumento idóneo para canalizar las inquietudes y aspiraciones de los sectores más avanzados de la sociedad, los mismos que se estructurarían como una dirección autorizada de equipos de líderes y ejecutivos con absoluta libertad y responsabilidad, que reúnan y organicen nuevos saberes con planes orgánicos de creación de nueva riqueza.

Creación de liderazgo, tarea incumplida: consecuencias

Sociedad, comunidad y familia son todas instituciones de conservación. Tratan de mantener la estabilidad y evitar el cambio, o por lo menos tratan de que sea más lento. Pero la organización moderna es desestabilizadora. Tiene que organizarse para la innovación, y la innovación, como dijo el gran economista austroamericano Joseph Schumpeter, es “destrucción creativa”. Tiene que organizarse para el abandono sistemático de todo lo establecido, acostumbrado, familiar y confortable; ya se trate de un producto, un servicio o un proceso, de un conjunto de habilidades, de relaciones humanas y sociales, o de la organización misma (Drucker, 1989).

Sin embargo, cuando acudimos en busca de orientación a nuestros supuestos líderes, con harta frecuencia sus respuestas son astutas, miopes e interesadas. Son “médicos cuentistas” que ofrecen remedios destinados a manipular nuestra percepción de los problemas, en lugar de ofrecer soluciones efectivas para los mismos. Las personas están mucho menos dispuestas a confiar en las declaraciones o motivos que ostentan las autoridades, porque sus expectativas más básicas han sido invariablemente defraudadas. Para ser un verdadero líder en un ambiente así, se requiere un enfoque completamente distinto y un conjunto diferente de destrezas (ídem).

Miremos hacia adelante 20 o 30 años, ¿espera alguien que sean menos turbulentos? ¿Cómo será el mundo que tendremos ante nosotros? Nadie lo sabe a ciencia cierta, pero sí sabemos que se pondrá a prueba nuestra capacidad colectiva de hacerle frente. El mundo será algo totalmente diferente al que conocemos. Por todo ello, estamos obligados a dejar viejas creencias. El problema está en nuestras maneras más fundamentales de pensar. Si estas no cambian, cualquier capacitación o recambio producirá los mismos tipos improductivos de acción (Senge, 1992). Cerca de 30 años después, hacemos frente, sin ninguna capacidad colectiva, a la predicción de Peter Senge. Nuestro futuro, sin liderazgo verdadero, se llena de malos augurios.

Por su lado, Gary Hamel, sostenía el año 2012 que la palabra ideología tiene muy poca o nula presencia en nuestro mundo institucional. He ahí el problema decía. Porque son precisamente las creencias que constituyen nuestro credo las que impiden que nuestras instituciones sean más adaptables, más innovadoras, más inspiradas y más nobles. Nuestra ideología del desarrollo nos limita. La historia humana es una crónica de conflictos ideológicos. Finalmente, una de las ideologías se impone sobre sus rivales porque genera mejores resultados sociales. Todo depende de la ideología (Hamel, 2012).

En el próximo quinto capítulo, demostraremos que el Globalismo, como proceso de postguerra, ha evolucionado a través de tres ciclos pendulares contrapuestos:

• Reconstrucción nacional de posguerra: 1950 – 1980
• Globalización industrial y financiera norte – sur: 1980 – 2010
• Reconstrucción nacional posglobalización: 2010 – 2040
• Globalización superior científico técnica: 2040 – 2070

En un sexto capítulo demostraremos que los nuevos componentes del desarrollo nacional pretendido serían: reforma radical de los programas de mercado libre, desarrollo autogestionario de la pequeña empresa y desarrollo local por autosuficiencia, y que todo ello solo sería posible a través de procesos masivos y continuos de innovación cultural y organizacional poscapitalistas.

Finalmente, en un séptimo capítulo plantearemos nuestra visión de la reforma y la reconstrucción de la economía, la sociedad y la gobernación nacionales frente al nuevo contexto global, desde las consideraciones básicas más fundamentales del desarrollo social hasta los nuevos elementos constitutivos del desarrollo nacional por modernización de sus niveles domésticos locales, y, los nuevos principios del desarrollo organizacional más avanzado del mundo, hacia una nueva globalización científico técnica y de reconfiguración del mapa mundial del desarrollo y el subdesarrollo nacionales.

Algunas personas creen que nuestros escritos son algo ‘denso y complejo’, que no impulsa a la gente a la acción de inmediato; si usted no se esfuerza en su estudio, puede ser que eso sea cierto. Sin embargo, ¿qué de importante se puede lograr en la vida sin esfuerzo? Por lo demás, no se necesita dominar todos los aspectos de una teoría para “comprenderla”. Encuentre su interconexión interna, su dinámica; el resto es cuestión de tiempo, pero, sobre todo, de actitud.

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