Globalismo, tercer y último periodo de la sociedad capitalista | MNIP

Globalismo, tercer y último periodo de la sociedad capitalista

Capítulo V: Desarrollo pendular y crisis general del globalismo

La Sociedad Capitalista estaría compuesta por tres grandes periodos centenarios claramente discernibles, alrededor de: 1750 a 1850, 1850 a 1950 y 1950 a 2050. El tercer y último periodo civilizatorio, el Globalismo, se caracteriza por su obsolescencia y autodestrucción sistémica.

Este Globalismo, igualmente, se estaría desarrollando a través de ciclos pendulares de tres o cuatro décadas cada uno; el primero, de los años de 1945 a los años de 1970, de reconstrucción de las grandes economías euroasiáticas de posguerra; el segundo, de la década de 1980 a la década del 2000, de globalización de las economías desarrolladas del Hemisferio Norte; y, el tercero, de la década de 2010 a la década de 2040, de autodestrucción y cambio de época, que estaría ocasionando, nuevamente, un ciclo contrario de reconstrucción económica nacional por proteccionismo con propensión a la autosuficiencia (la pandemia del covid-19 devela este proceso). Estados Unidos y Europa están dando el ejemplo. Los países atrasados como el Perú ingresarían tardíamente a estas dinámicas nacionalistas, lo que ocasionaría un alto costo social.

I. Desarrollo pendular de la economía mundial de posguerra

Después de la II Guerra Mundial —durante los años de 1945 a 1970: primer ciclo pendular de la economía mundial de posguerra—, se reconstruyeron las economías nacionales de Eurasia devastadas por la guerra. A base del acuerdo de Bretton Woods de 1944 (EE.UU), que se realizó cuando era obvia la derrota del nazismo, se desarrolló un proceso de reproducción y revalorización del capital y el trabajo en el Hemisferio Norte como nunca antes en la historia del Capitalismo. Este acuerdo diseñó los tres instrumentos de la economía global —el Banco Mundial, el FMI y el GATT— que comenzaron a implementarse con la puesta en marcha del Plan Marshall, el cual inyectó el circulante monetario para la reconstrucción de Europa de 1948 a 1952.

A partir de la década de 1970 —desde que Nixon devaluó el dólar y lo declaró inconvertible en oro el año de 1971, y el precio del petróleo se multiplicara por más de 15 veces (1971 – 1976), iniciándose así la primera crisis financiera y energética de posguerra, coincidiendo todo ello con el inicio de la tercera revolución industrial a fines de 1970—, se detuvo progresivamente el ciclo reproductivo del Capitalismo nacional de Eurasia y surgió otro, diferente y superior, fundamentalmente especulativo y de tipo planetario.

La enorme capacidad productiva y de concentración de capital de los países desarrollados, que superaba la capacidad adquisitiva de sus propios mercados nacionales, se desbordó hacia el llamado Tercer Mundo —sobre todo hacia el demográficamente gigantesco continente asiático— en busca de tierra y mano de obra barata, y destinos de exportación.

Surgió así el segundo ciclo pendular de la economía mundial de posguerra a partir de los primeros años de 1980. Margaret Thatcher (1979) desde Inglaterra y Ronald Reagan (1981) desde los Estados Unidos lideraron el llamado mercado libre mundial, y con este la caída de todas las fronteras económicas, culturales y políticas del mundo no desarrollado y del mundo socialista. Hasta que cayó el Muro de Berlín (1989) y se institucionalizó —con el Consenso de Washington— el desarrollo del Capitalismo Global por mercado libre, inversión extranjera y plataformas de exportación en todos los rincones del planeta. Después de 20 años, alrededor del 2010, la economía mundial ingresó a una crisis terminal sin parangón.

El ciclo globalista del gran capital, al ingresar a la parte final de la década de 2010, llegaba a su fin. Esto lo demuestran las crisis financieras, energéticas y alimentarias monumentales, la impotencia de la revolución técnico-científica y la obsolescencia de las Ciencias Sociales en general. Después de este ciclo, ha comenzado nuevamente un tercer ciclo pendular de reconstrucción nacional de la economía mundial ─que la pandemia del covid-19 pone en evidencia total─ pero en circunstancias globales totalmente diferentes, y sin teorías científicas completas a las cuales recurrir.

Al finalizar la década de 1990 e iniciarse los años 2000, los líderes y organismos más clarividentes de la sociedad descubrieron que las décadas comprendidas entre los años 1950 y 2000 corresponderían a una gran línea divisoria entre los periodos imperialista y globalista de la sociedad capitalista, la cual habría evolucionado no solo como una divisoria histórica occidental —al igual que en todo el segundo milenio (s. XI – s. XX)—, sino como una primera gran metamorfosis de toda la sociedad mundial, la misma que habría dado nacimiento al Sistema Capitalista global que hoy vivimos.

Los países atrasados de América Latina como el Perú —que no desarrollaron por sí mismos formas económicas y sociales de tipo capitalista, sino desde y para el extranjero, en coexistencia con formas de producción feudales y comunales— comenzaron de pronto, entre los años de 1980 y 2000, una gran reestructuración sistémica como nunca antes desde la conquista española. Sus modalidades económico-sociales de tipo precapitalista se extinguieron o debilitaron en gran parte, sin que se constituya una economía moderna en su lugar, sino más bien un Capitalismo urbano tardío sobre la base del subempleo de gran parte de la PEA nacional.

“El ciclo globalista del gran capital, al ingresar a la parte final de la década de 2010, llegaba a su fin. Después de este ciclo, ha comenzado nuevamente un tercer ciclo pendular de reconstrucción nacional de la economía mundial”

La segunda parte del tercer periodo de la Sociedad Contemporánea (2000-2050) se caracterizaría por la crisis general y la reforma radical del Sistema Capitalista global, la reconstrucción de las economías nacionales de dinámica interna, la reorganización sectorial de la sociedad civil (educación, salud, trabajo, residencia, seguridad, vida comunitaria …) y la reestructuración del Estado al servicio de tales cambios renacentistas. Algunos países desarrollados liderarán estos procesos nacionalistas, o parte de ellos, con sus propios matices; mientras que otros ─por lo general subdesarrollados─, al no hacerlo, se rezagarían aún más. En tal sentido, durante los años 2020-2050 se reconfigurará el mapa mundial del desarrollo y el subdesarrollo nacionales. Todo ello sería un proceso de transformación y desarrollo nacionalista endógeno que, nuevamente, después de unas tres décadas más, entraría en crisis; lo que a su vez impulsaría un nuevo tipo de globalización que, finalmente, ocasionaría el surgimiento de una Sociedad Poscapitalista mundial basada en el capital saber y el trabajo técnico científico: la Tecnocracia.

Las contradicciones, dinámicas y tendencias expuestas sugieren que los próximos gobiernos locales y regionales del país —frente a un mundo extremadamente crítico y errático como nunca antes en la historia contemporánea—, necesitarán la ayuda impostergable de una generación interdisciplinaria de líderes educados y entrenados en el dominio del contexto global y el desarrollo moderno. En torno a los nuevos componentes del desarrollo nacional, esta generación tendrá que autoimponerse la tarea de reorientar y reorganizar la vida económica y social del Perú o fracasar como tal.

II. Crisis general del globalismo como tercer y último periodo de la sociedad contemporánea o capitalista

• Crisis financiera, recesión e incertidumbre

Los elementos causales más visibles de la crisis financiera en el Hemisferio Norte son: el desplazamiento de la gran inversión de la economía industrial hacia la economía financiera especulativa (bolsa de valores, bienes raíces, seguros), la financiarización masiva del consumo social y la externalización de la producción hacia el ‘Tercer Mundo’ (que tiene como implicancia la difusión del desempleo en los países de origen y la destrucción de las economías locales en los países no desarrollados de destino).

Robert Solow, Premio Nobel de Economía, concluyó que el éxito de estos tres elementos aporta muy poco o nada a la eficiencia de la economía real, mientras que sus desastres transfieran riqueza de la ciudadanía hacia los entes financieros. Y que en las circunstancias actuales, esta crisis solo puede remontarse mediante un significativo estímulo del gobierno. Sostiene que la principal preocupación interna es el desempleo, pero que para las instituciones financieras la principal preocupación es el déficit fiscal, y que por lo tanto solo está en discusión el déficit fiscal.

En tal sentido, el economista Nouriel Roubini dijo con todas sus letras: “Si las cosas siguen como van, se cumplirán las predicciones de Carlos Marx de que el Capitalismo es capaz de generar su propia destrucción”. Y que “este modelo de Capitalismo especulativo y de ricos sin responsabilidad social debe cambiarse para superar la presente crisis y evitar que la recesión se convierta en una nueva Gran Depresión”.
Para George Soros, la situación sería muy seria: teme a las consecuencias sociales y políticas que puede generar la falta de liderazgo para enfrentar la crisis.
Para Robert Reich, economista de la Universidad de Berkeley, “el tónico más potente para las economías en crisis es el crecimiento (…) No bastan las soluciones monetarias (como la baja de las tasas de interés a casi cero decretada por la Reserva Federal de EE.UU), y que la austeridad fiscal que propone la política económica vigente es la peor medicina en el peor momento”.
Mientras tanto, Paul Krugman y Joseph Stiglitz (premios Nobel de Economía, conocidos como “neokeynesianos”), entre muchos otros, indican que la mejor medida anticrisis (para salir de la depresión) es estimular un shock de gasto fiscal orientado a mejorar ostensiblemente los niveles de consumo de alimentos y bienes (mediante transferencias directas a ciudadanos sin trabajo, obras públicas y microcréditos agropecuarios).

• Crisis general y extinción del Globalismo

El Capitalismo se constituyó como sociedad a partir de la mitad del siglo XVIII sobre la base de los dos factores cruciales de la Modernidad: el capital dinero y el trabajo asalariado. Desde entonces, los principios y los valores de estos factores rigen las dinámicas de la sociedad en todos sus planos. Sin embargo, la mayoría de los economistas solo tiene en cuenta la crisis del capital y no la del trabajo para estudiar la crisis mundial. Así, a esta última la conciben solo como una crisis financiera y no como una de las últimas crisis del sistema del trabajo y del capital tal como existen hoy en día.

Existen dos tipos de capital: el capital líquido o variable —papel moneda, bonos, acciones, certificados, tarjetas de crédito—, y el capital fijo o constante —infraestructura productiva e inmobiliaria, bienes duraderos— (sin considerar el capital saber como factor crucial del desarrollo en el futuro cercano).

Desde la década de 1980, el capital líquido se ha reproducido sin cesar por emisión estatal y privada incontrolable, vg. bonos y acciones, y por remuneración de depósitos o tasa de interés libre (TIL). Igualmente, el capital fijo se ha reproducido extraordinariamente como consecuencia de la revolución técnico – científica, pero, sobre todo, se ha revalorizado por incidencia de la TIL y por especulación bursátil. En las últimas tres décadas, la gran reproducción y revalorización del capital mundial ocasionó la inflación de precios que sufre todavía el mundo (alimentos, insumos industriales, bienes muebles, servicios, etc.).

Sin embargo, la reproducción y revalorización del capital no hubieran tenido mayor significación crítica si es que con el trabajo, el otro factor estructural del Sistema Capitalista, no hubiera pasado todo lo contrario: una gran desvalorización y reproducción como subempleo a escala mundial.

La gran crisis financiera mundial —es decir, la caída vertical de los valores del capital— ha sido consecuencia de la caída en espiral descendente de la remuneración global del trabajo y del ingreso per cápita del 80 por ciento de la población mundial durante los últimos 30 años.

Veamos:

A fines de la década de 1970, a medida que el Capitalismo occidental se convertía en un sistema planetario, la remuneración del trabajo se paralizó y comenzó a descender como un todo global. De tal manera que hoy, por ejemplo, se producen autos con salarios de US$300-mes en China, cuando a fines de 1970 se producía mucho menos con salarios de US$2,000-mes en EE.UU. En tal sentido, el 80 por ciento de la PEA mundial tiene, actualmente, una capacidad adquisitiva muy pobre frente a una enorme infraestructura industrial construida por el Globalismo durante las últimas tres décadas.

En otras palabras, la caída mundial de la remuneración per cápita del trabajo y la consiguiente parálisis del consumo per cápita (el motor de la economía real) desde la década de 1970 ejercen una fuerza deflacionaria extraordinaria sobre los valores del capital. Esta fuerza aumenta a medida que la brecha entre los valores del capital y los valores del trabajo se hace más grande e insalvable, y los primeros caen irremediablemente. En medio de esta gran crisis sistémica, solo una nueva relación productiva y reproductiva entre ambos valores podrá reconstruir el equilibrio mundial.

En las circunstancias técnico-científicas actuales, ¿qué tipo de nuevas relaciones entre el capital de inversión y el trabajo productivo —y qué condiciones económicas, sociales, políticas y culturales globales— son aquellas que permitirán reconstruir las economías nacionales del mundo y, por ende, constituir un Globalismo nuevo y superior?

La extraordinaria crisis general que vive el mundo de hoy evoluciona hacia una depresión mundial terminal porque no es, esencialmente, producto de fallos funcionales (incapacidad, displicencia o malos manejos de directivos públicos y bancarios), sino de fallos estructurales o de carácter sistémico que cuestionan las mismas relaciones centenarias entre capital y trabajo.

Las relaciones entre el capital y el trabajo tendrán que cambiar radicalmente para que puedan ser fecundas y no antagónicas.

2 Comentarios sobre “Globalismo, tercer y último periodo de la sociedad capitalista

  1. Creo qué hay mucho de cierto, pero que gran parte del problema se encuentra en la manera nefasta que el periodismo corrupto maneja el mundo a su regalada gana, manejan a los incautos como se les da la gana POR FALTA DE EDUCACIÓN Y mientras el periodismo siga manejando el mundo no tendremos una respuesta que no pueda llevar a salir de la crisis. SOLO ES MI MODESTA OPINIÓN.JA

  2. Obviamente que las relaciones del capital con el trabajo tendrán que cambiar, por qué por ejemplo la agro exportación va aumentando pero para eso es posible conversar civilizadamente con paciencia revisando todos los antecedentes, PERO SIN VIOLENCIA y la prensa tendría que cumplir una labor con honestidad para que tengamos paz y no azuzar la violencia, esto lo digo por que lo veo a diario en mi país, tampoco se puede decir muy suelto de huesos quiero ganar el doble sin sostenerlo con argumentos sólidos y solo recurriendo a la violencia extrema. Repito es mi modesta opinión.

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